Exhortación Pastoral sobre la Unidad y la Humildad en la Iglesia
Del Nuncio Apostólico a toda la comunidad eclesial.
XXXI Jueves del Tiempo Ordinario, Ciclo C, Año del Señor 2025.
Queridos hermanos en Cristo:
El Señor nos ha llamado a formar un solo cuerpo, una sola familia, una sola Iglesia. En tiempos en que surgen divisiones, cuando algunos se dejan seducir por la ambición o el orgullo, debemos volver a mirar el corazón del Evangelio: el amor y la unidad.
Durante ya casi 2000 años, la Iglesia ha caminado unida, iluminada por el Espíritu Santo. Desde los primeros mártires, que derramaron su sangre antes que traicionar la verdad del Evangelio, hasta los grandes pastores que, con valentía y oración, llamaron a la comunión de los hijos de Dios. En los Concilios Ecuménicos, toda la Iglesia se reunía, no para disputar poder, sino para defender la fe y la doctrina que Cristo nos dejó y reveló. Esa ha sido siempre la fuerza de la Iglesia: su unidad en la verdad y en el amor.
Por eso hermanos, no perdamos de vista lo esencial. No caigamos en las tentaciones del mundo que nos invitan a la vanidad, al reconocimiento, o a la búsqueda de títulos. Todo eso pasa. Llegara el dia en que todo eso se acabara. Pero, el amor permanece. La única manera de vivir el Evangelio auténticamente es permaneciendo en comunión, amándonos unos a otros como Cristo nos amó, sirviendo con humildad, sin aspirar a honores ni glorias humanas.
Cuando un cristiano rompe la unidad, cuando busca su propia gloria por encima del bien común, hiere el Cuerpo de Cristo. Por eso, los exhorto con firmeza a que mantengan sus corazones centrados en Jesús. Él es la fuente de toda luz y de toda verdad. Solo si permanecemos unidos a Él, podremos caminar juntos hasta nuestro descanso eterno en el Reino de los Cielos.
Volvamos la mirada a la Virgen María Madre de la Iglesia. Ella, humilde sierva del Señor, nunca buscó honores ni poder. Su grandeza estuvo en su obediencia y en su amor fiel. Que Ella interceda por nosotros queridos hermanos, para que aprendamos a ser humildes, a permanecer en unidad, y a vivir como verdaderos hijos de Dios, hasta que el Señor nos conceda participar de su gloria eterna. Hasta que, cuando finalmente llegue Aquel Dia, podamos escucharle decir: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: Ven, entra en el gozo de tu señor» cb: Mt 25:21-23.
Que María, Reina de la Paz y Madre de la Unidad nos cubra con su manto y nos conduzca siempre hacia su Hijo Jesús, Camino, Verdad y Vida.
Arquidiocesis de Leon, Nicaragua.
A las 17:31hs del 06/11/2025
✠ S.E.R Mons. Fr. Elias Tapia O de M.

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